La receta de La
Paella Valenciana tal y como se elabora en la huerta de Valencia de forma
tradicional, puede ser por fin recogida en toda su autenticidad gracias al
asesoramiento de expertos y a la vocación de servicio público. Desde esta
página queremos salir en defensa de la paella valenciana, un plato emblemático
que se ha visto desvirtuado por incontables herejías culinarias.
El nombre de
paella viene por el recipiente donde se cocina, un recipiente plano realizado
en hierro o acero inoxidable y provisto de dos asas. La denominación paellera
es incorrecta pues es el plato el que adopta el nombre del recipiente: paella.
Se fabrica en muchos tamaños dependiendo el número de raciones que queramos
cocinar.
Tradicionalmente
la paella se debe cocinar al aire libre y si es posible con leña de naranjo,
que en Valencia es relativamente fácil de conseguir. La leña de naranjo, aparte
de darle un cierto aroma a la paella, proporciona un fuego constante y hasta
cierto punto manejable, pese a la dificultad que conlleva cocinar con leña.
En la
elaboración de la paella es muy importante controlar el fuego pues debemos
avivarlo o hacerlo más suave según lo requiera cada momento de la cocción.
Y por último
recordarte que la mejor manera de hacer una paella es practicando y
disfrutando, tanto del plato como de la propia elaboración.
Ingredientes:
- 500 gr. de arroz denominación de origen Valencia (alrededor de 125 gr. por persona). Utilizaremos las variedades 'senia' (el que se vende normalmente, con el grano bastante redondo) o la variedad 'bomba', que hace que sea más difícil que el arroz se pase aunque es menos sabroso y más caro que el 'senia'.
- 800 gr. de pollo troceado donde se suelen incluir las pechugas y el hígado.
- 600 gr. de conejo troceado.
- 250 gramos de 'bajoqueta' o 'ferraura', o lo que sería lo mismo, judías verdes planas.
- 200 gramos de 'garrofó'. Una variedad de alubia blanca, grande y plana típica de Valencia. Si el garrofó no es fresco, añadiremos solamente 100 gr. puesto a remojo unas doce horas antes.
- 100 gramos de tomate triturado, lo que equivale más o menos a un tomate rallado de tamaño mediano.
- 150 cc de aceite de oliva.
- Hebras de azafrán o en su defecto colorante alimentario, aunque no es lo mismo, claro.
- Una cucharadita de pimentón rojo dulce en polvo.
- Sal de cocina normal.
- Romero en rama o en su defecto seco aunque no es aconsejable.
- Agua. Como norma general, utilizaremos el doble de agua que de arroz.
Mencionar
también que se suele incluir la 'tabella', un tipo de judía blanca. Estos
serían los ingredientes típicos de una paella tal y como se cocina en la huerta
de Valencia. A partir de aquí y dependiendo de la zona donde se cocine, es
costumbre de cada lugar añadir otra serie de ingredientes como son los
pimientos rojos, las costillas de cerdo o la "pilota" (albóndigas
grandes de carne de cerdo). Lo que una paella nunca debe llevar es pimienta, ni
ajos (aunque algunos restaurantes los utilicen), ni vino blanco, ni mejillones
ni otras cosas raras que hemos visto en innumerables recetas.
LOS CONSEJOS DE LOS EXPERTOS
- Como ingredientes adicionales se pueden poner caracoles (los conocidos en Valencia como vaquetas) o si es temporada se pueden añadir algunas alcachofas troceadas en cuatro o cinco partes. Es conveniente sumergir previamente en agua con limón las alcachofas para que no ennegrezcan el arroz.
- El resultado final va a depender mucho del grado de dureza del agua. En Valencia suele ser muy alto por lo que no es extraño que la gente que participa en concursos de paellas se lleve sus propias garrafas de agua, pues ya tienen controlados los tiempos de cocción.
- No utilizar nunca el arroz de grano largo pues tiene unos tiempos de cocción más altos y además no toma tanto el gusto del caldo siendo poco sabroso para la elaboración de paellas.
Preparación:
Lo primero de
todo es nivelar la paella para que luego el arroz quede uniformemente
distribuido y hierva toda por igual. Para ello, bastará con verter el aceite en
frío debiendo quedar perfectamente centrado en la paella.
Una vez bien
centrada encendemos el fuego y esperamos a que el aceite esté bien caliente
para comenzar a freír la carne. Para ello, extenderemos con la paleta todo el
aceite por el fondo del recipiente para evitar que se queme.
Algunos
prefieren rodear el aceite con sal con el mismo propósito: evitar que se queme
la paella y así de paso ya no se sala la carne.
Una vez el
aceite esté bien caliente, echaremos el pollo y el conejo a los que habremos
puesto sal (si no se ha utilizado el truco descrito anteriormente) e iremos dándoles
lentamente la vuelta.
Generalmente
los trozos más grandes se dejan en el interior de la paella, retirando los de
menor tamaño hacia el exterior de la misma para evitar que se quemen.
Repetir una
vez más que es muy importante dorar muy bien toda la carne a fuego suave y sin
prisas, que esté todo bien frito. Ahí radica parte del secreto de una buena
paella.
Cuando la
carne ya esté bien dorada la retiramos toda hacia el exterior que es donde
deberemos tener menor intensidad de fuego y es el momento de freír la judía
verde plana. Al igual que la carne, la verdura debe estar bien frita pero sin
quemarla, dándole vueltas constantemente.
Cuando ya esté
hecha, es el momento de añadir el tomate natural triturado procediendo de la
misma manera: separamos la verdura hacia los extremos y sofreímos bien el
tomate evitando que se queme. Cuando el tomate ha soltado toda el agua ya está
bien sofrito.
Una vez bien
hechos todos los ingredientes anteriores removemos uniformemente y dejamos sofreír
unos instantes todo junto. La carne debe de estar bien dorada y la verdura y el
tomate bien sofritos.
Añadimos ahora
el sobrecito de pimentón y removemos rápidamente, evitando que se queme y ya es
el
momento de añadir el agua a nuestra paella.
Como
referencia, echaremos el doble de agua que de arroz hasta cubrir casi por
completo todo el recipiente. La medida de agua -si el tamaño de la paella es el
idóneo para las raciones que se quieren obtener- es que el nivel de agua debe
de quedar por encima de los remaches internos de las asas de la paella.
Al igual que
la cantidad de aceite o de arroz, la medida del agua es orientativa y la
experiencia va a ser nuestra mejor aliada.
Echamos ahora
las hebras de azafrán (o colorante alimentario) y el garrofón y volvemos a
probar el punto de sal del caldo, echando más sal si fuera necesario. Es
importante resaltar que el punto de sal en el caldo se debe probar justo antes
del arroz y que debe ser más bien sentidito, pues el arroz tiende a hacerlo
soso.
Cuando el
caldo alcanza el punto de ebullición, la dejaremos unos 5 minutos que hierva a
fuego vivo. Luego se deja cocer de 30 a 45 minutos con el fuego al mínimo. Si
el agua baja del nivel que habíamos señalado se añade más.
Seguidamente,
se aviva el fuego y se añade el arroz repartiéndolo uniformemente por toda la
paella. Los expertos no miden el arroz y calculan la medida haciendo dos
montones con forma de cruz que sobresalgan de la paella un dedo.
Seguimos 5
minutos a fuego fuerte, otros 5 minutos a fuego medio y 8-10 minutos a fuego
mínimo. En total, el arroz se cuece entre 18 y 20 minutos. No sobrepasar nunca
este tiempo, aunque nos quedase algo de caldo, pues el arroz se pasará
(esclatar, como se dice en valenciano). El arroz debe quedarnos seco y con el
grano entero.
Como regla
general nunca añadiremos agua una vez se haya echado el arroz a la paella. No
es pecado quitar caldo o añadir agua, pero esto último nunca después de echar
el arroz.
Si la paella
se ha quedado un poco corta de caldo, se baja más el fuego y se puede tapar con
papel de plata u otra tapa para que evapore menos agua. Nunca añadir agua, en
todo caso caldo previamente reservado.
En Valencia
también es muy típico el 'socarrat'. Es decir, dejar la zona inferior de la
paella mucho más cocida, casi quemada, con el arroz crujiente. Podemos obtener
el famoso 'socarrat' con un golpe de fuego el último minuto o poco más, o bien
posando la paella directamente sobre las brasas. Si quieres que el 'socarrat'
esté suelto, o se te ha pegado un poco, puedes colocar la paella sobre un trapo
húmedo nada más sacarla del fuego.
En Valencia es
costumbre dejar reposar la paella unos minutos antes de servirla. Este reposo
suele sentar muy bien a la paella, sobre todo si ha quedado un poco dura pues
ayuda a que el arroz finalice su cocción y termine la absorción de caldo que
aún pueda quedar.
Si el arroz ha
quedado un poco duro, se puede arreglar tapando la paella con papel de
periódico o con un cartón y salpicando un poco de agua con la mano, dejando
seguidamente que repose unos minutos más de lo habitual, levantándolo de vez en
cuando.
Y si queremos
ser totalmente fieles a la tradición, comeremos directamente la paella en el
recipiente y a ser posible con una cuchara de madera. ¡Qué aproveche!





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